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Cejas

Dora Maar (1936), Man Ray

El punto muerto entre los ojos, entre esos dos objetos misteriosos y cautivantes que no pueden observarse a la vez cuando los rostros se reúnen en el encuentro erótico o la batalla cuerpo a cuerpo. El dedo que porta el anillo (y cabe mencionar que la retratada Dora fue amante de Picasso), se retrae y se reserva para sí mismo, como guiño celebratorio de un cierto goce de sí, solitario, soberano y autónomo. Al mismo tiempo, el siguiente señala esa zona de inaccesible unidad de la percepción, invitando a la seducción de esta bestial mujer alada y emplumada. ¿Para qué querríamos más? Por puro exceso, puro disfrute del exceso.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es que tu blog es muy lindo.

franco dijo...

Oh, muchas gracias señora. Cuánto me halaga usted.

... dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Patricia sin vueltas dijo...

exquisita verba